MONLEÓN

La villa de Monleón se encuentra situada a 878 metros de altitud, sobre un promontorio circundado por los ríos Alagón, Navamandiles y Riofrío, cuyas aguas proporcionan energía, antiguamente, a varios molinos harineros y a un batán para enfurtir paños, que, por cierto, ya estaba en ruinas a mediados del siglo XVII (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg. 503, fol. 310. Archivo General de Simancas).

La vida económica se centra en la explotación ganadera y agrícola, dedicándose a la primera una extensión de 305 hectáreas de pasto mientras que la segunda se desarrolla sobre una extensión de 1.022 hectáreas (MAPA PROVINCIAL DE SUELOS. Madrid, 1970). La superficie total del término de Monleón es de 1.897 hectáreas.

El terreno es pizarroso al norte del pueblo, y granítico al sur y suroeste del mismo. De esta última zona se extraía la piedra que han venido tallando, tradicionalmente, en Monleón, varias generaciones de canteros. Entre éstos se recuerdan los nombres del tío Pablo, el tío Benito y el tío José. Nadie sigue hoy los pasos de dichos maestros.

La villa de Monleón se halla rodeada de una  muralla, reforzada en su extremo suroccidental por un castillo, del que se conserva, únicamente, antes de su restauración, la soberbia torre del Homenaje, rematada por ocho cubos voladizos. 

El castillo forma parte integrante de la estructura defensiva de la villa, que cuenta con tres puertas: la de la Villa al noroeste, la del Sol a este y la de Coria al mediodía; esta última se abre junto a la torre del homenaje del castillo, soberbia construcción de mampostería esquinada en granito. Dicha fortaleza data del siglo XV, aunque ya existía a finales del siglo XII: en el año 1199, Alfonso IX dona a la reina Berenguela treinta castillos,  el de Monleón entre ellos. El solar de la villa se presenta, hoy, delimitado por una única línea de muralla. Sin embargo la primitiva fortificación debió de englobar solamente aquélla parte del recinto que está más próxima al castillo, a juzgar por la disposición de los edificios y el trazado de las calles colindantes al mismo, así como por ciertos detalles relativos a la construcción de la muralla: la línea del lienzo oriental, sobre el que se abre la puerta del Sol, forma un ángulo violento respecto del lienzo que discurre hacia el noroeste, hasta la puerta de la Villa, dando la impresión de que aquél fuera abierto en un momento anterior (ver foto inferior)
Ese es precisamente el más antiguo, en opinión del profesor Marciano Sánchez, pudiendo remontarse al siglo XII, y delimitaría, primitivamente, el espacio ocupado por el antiguo castro prerromano, el cual se continuaría hacia la parte occidental, sobre el escarpe que domina el curso de los ríos Navamandiles y Riofrío. Ya bien avanzado el siglo XIII, se ampliaría la muralla hacia el norte. 
Sobre ésta se abre la puerta de la Villa (M. SÁNCHEZ. Comunicación personal, febrero de 1987. Por mi parte, debo decir que, en el ámbito de dicho espacio, se han venido produciendo hallazgos de hachas pulimentadas, algunas de ellas, de silimanita y cornubianita, que yo he tenido ocasión de examinar).El conjunto del casco habitado ofrece una fisonomía variable. Hasta hace pocos años, presentaba un aspecto francamente medieval, con casas construidas en piedra propia del lugar -pizarra y granito-. Hoy, en cambio, comienzan a surgir edificaciones que desentonan con el entorno histórico; se conservan todavía, no obstante, algunos rincones dotados de cierto poder de evocación, como el formado por un grupo de casas que hay adosadas a la muralla junto a la puerta de la Villa o las que se apiñan entre la puerta del sol y la plaza del pueblo.
Monleón posee una interesante iglesia parroquial. Se trata de una construcción del siglo XVI, en la que se han reaprovechado diversos elementos arquitectónicos y parte de la estructura de otro edificio anterior que, posiblemente, fuera una ermita (Como todas las ermitas, el edificio sobre el que se asienta actualmente la iglesia parroquial se encontraría ubicado a las afueras de la población, lo cual quiere decir, en este caso, fuera de la muralla). El edificio actual consta de tres naves. Su fachada principal, antecedida de un pórtico sostenido por columnas de granito, ostenta varias figuras de leones-bichas, esculpidas en la misma clase de roca y que sin duda proceden del anterior templo románico.

En relación con la presencia de dichos animales, debo recordar que han sido considerados, tradicionalmente, como guardianes de templos, tumbas y mansiones (J.M.BLÁZQUEZ: Religiones primitivas ibéricas. religiones prerromanas. II Ed. Cristiandad. Madrid, 1983; pág. 156 (dicho autor cita a Blanco Freijeiro). En fin, el simbolismo del león se presenta como una de las constantes universales, desde el mundo asirio o el hebreo hasta el occidente cristiano, y es bien conocido el significado ocultista que dichos animales poseían para los caballeros templarios, los cuales, como ya sabe el lector, contaban con la cercana posesión de Los Santos.

La Iglesia parroquial de Monleón está dedicada a Santa Isabel, celebrándose la fiesta correspondiente al día 4 de septiembre, cuando ya han terminado las tareas de recolección (La fecha de celebración de tales fiestas apunta claramente a un sentido naturista de acción de gracias y propiciación de las próximas cosechas, una vez concluido el ciclo anual de la vegetación). No creo necesario insistir en el simbolismo precristiano de dicha santa patrona, o mejor dicho, de la deidad matronímica: Isis.

En cuanto a la etimología de Monleón, se han barajado diversas hipótesis. la más común es la que relaciona el nombre de dicha villa con la presencia de un verraco de piedra a la entrada de la misma; otra versión hace derivar el nombre de Monleón de la morfología de los montes cercanos (Monte León).

Sin embargo, ambas opiniones ignoran las complejas conexiones que cabe establecer entre los indicios arqueológicos (y no sólo los representados por el susodicho verraco) existentes en los alrededores del pueblo, y las leyendas y tradiciones transmitidas en torno al mismo a lo largo de los siglos. Efectivamente, las explicaciones simples, como las más arriba enunciadas, no satisfacen lo más mínimo. hay que buscar por otro camino.

Habría que reparar, ante todo, en la etimología de ciertos nombres de ciudades, como, por ejemplo, León y Lugo en España, y Monteleone en Italia, que hacen referencia al dios Lug, de amplio culto en la antigüedad. Un Lugones habría dado paso a Leones o León (situado, precisamente, en una ruta de peregrinación) (L.CHARPENTIER: El misterio de Compostela. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1976; pág. 175 y 176), salvo en el caso de Lugo, nombre que ha conservado su forma primitiva.

Desde luego, confieso que esta hipótesis me resulta mucho más sugestiva, y, sobre todo, mucho más congruente con los orígenes mistéricos del lugar. Entonces, y en lo que a Monleón se refiere, habría que empezar considerando la existencia de un monte en el que podría haber recibido culto el dios Lug. Y ello podría conducirnos al hecho de que, en la Edad Media, figure el nombre de Monte León en algunos documentos medievales; concretamente, un escrito de compromiso entre don Pedro, Obispo de Salamanca, y el cabildo, se refiere a los préstamos de la vicaría Monte Leonis, y está fechado en el año 1318 (ARCHIVO CATEDRALICIO DE SALAMANCA. Caja 14 Leg. 1 nº6).

De estimarse la hipótesis más arriba apuntada, encerrarían un particular sentido de las leyendas en torno a los orígenes de Monleón, elaboradas mediante claves y elementos tradicionales: los cuernos de la cabra de que, como en seguida veremos, sirvieron, según la leyenda, para amurallar Monleón, simbolizan el poder, en cuanto que participan de la esencia del conocimiento; un conocimiento que proporciona riqueza, no de tipo material sino espiritual. Pero ¡atención! los cuernos van asociados al dios Lug y aluden al culto solar.

ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Según los Anales castellanos, la victoria de Ramiro II contra los musulmanes en agosto del año 939, se produjo en Leocaput, nombre que se ha querido identificar con Monleón, como sostiene Pérez de Urbel. Como fuere, lo cierto es que la villa de Monleón tiene orígenes medievales, si bien el poblamiento del lugar se remonta a la prehistoria, de lo que dan testimonio los diversos hallazgos de hachas pulimentadas, así como también la existencia del citado verraco de piedra, procedente del primitivo castro prerromano (J.MALUQUER: Carta Arqueológica de España. Salamanca. Diputación Provincial de Salamanca, 1956; pág. 89), sobre el que se asiente el extremo meridional de la villa. De época reciente, probablemente tardorromana o alto-medieval, son los sepulcros antropoides excavados en granito que aparecen al sur del pueblo (Ver información al respecto en página de Casas de Monleón según Andrés Díaz Hernández, de Casas de Monleón).

Los orígenes de la fortaleza de Monleón se presentan envueltos en una aureola legendaria, obviando ya el hecho histórico de la construcción de la misma a finales del siglo XII, reinando Alfonso IX: un tejedor habría hallado en el pico Monreal una cabra de oro que puso a disposición de su señor, recibiendo de éste, en reconocimiento a su fidelidad, la merced de fortificar la villa. La memoria popular ha perpetuado dicho episodio:

Ya que te muestras leal
Y no has hecho traición
Con los cuernos de la cabra
Cercarás a Monleón.

Según otra versión, en cambio, el susodicho tejedor habría traicionado la confianza que el rey depositara en él:

Tejedor de Peña Cabra
Que al rey fuisteis traidor
Con los cuernos de la cabra
Cercarás a Monleón.

Esta última versión la recogió Ramón Grande del Brío, por cierto, de labios de su abuelo Ramón, quien ejerció el oficio de tejedor en San Domingo del Campo, pueblo próximo a Monleón. Se trata, no obstante, de una versión muy poco conocida, presentada, como puede verse, en términos antitéticos respecto de la anterior.

La leyenda de los orígenes de la fortaleza de Monleón entronca con otras similares, relativas a ciudades o castillos cuya construcción se atribuye a la ocurrencia de acontecimientos más o menos fantásticos. En el caso que aquí me ocupa, interviene un personaje iniciado: el tejedor; y un ámbito mágico: el pico Monreal, en donde la tradición señala la existencia de tesoros ocultos (RAMÓN GRANDE DEL BRÍO: << Las murallas de Monleón>>. Rev. de Folklore, nº7 Valladolid, 1981; págs. 7-10).

Al margen del relato legendario. Monleón, como antes dije, existía ya con categoría de plaza fuerte en el siglo XII, formando parte del conjunto defensivo de la cuenca del río Alagón, amenazada por las incursiones de los musulmanes. A partir de entonces, la fortaleza de Monleón cobra notable relieve en el contexto de la historia de España, tanto por su importancia estratégica como por ciertos episodios que entorno a ella tuvieron lugar y de los que hablaré más adelante.

Monleón alcanza los años finales del siglo XIII sin dejar de ser posesión real. En el año 1249, el rey Fernando III cede el castillo y la villa de Monleón, con todos sus términos, a la ciudad de Salamanca (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fol. 285). Dos años antes, dicho monarca había enviado una carta al concejo de Monleón, entre otros, comunicándole que asumía la guarda y encomienda del obispado de Salamanca (J.L.MARTÍN et al.: Documentos de archivos catedralicio y diocesano de Salamanca. Universidad de Salamanca, 1977; pág.314). Con anterioridad, en 1229, Fernando III había incluido a Monleón entre los núcleos de población que estaban obligados a pagar íntegramente el portazgo (impuesto que gravaba el paso por puertas y cañadas de mercancías procedentes de fuera del alfoz), de igual modo que lo harían también, en el siglo XIV, Endrinal y Los Santos.

En el año 1330, Monleón goza ya de Fuero propio, aunque no se verán libres sus moradores de diversos atropellos por parte del concejo de Salamanca, por lo que aquéllos recurrirán al rey Alfonso XI, quien actuará de mediador.

Monleón, en cuanto formando parte integrante de la vicaría a la que daba nombre, se hallaba sujeto a ciertos gravámenes, impuestos por parte de la autoridad eclesiástica; así, en el año 1385, todos y cada uno de los lugares con iglesia que estuvieron integrados en dicha vicaría, estaban obligados a dar media fanega de trigo al año con destino a las monjas del convento salmantino de Santa Clara, lo cual había dispuesto Fray Juan Castellano, obispo de Salamanca. En 1411, Fray Gonzalo, sucesor de aquél en el obispado, amplió la cuantía de la limosna a una fanega de trigo. Posteriormente, tras el incendio que se declaró en el convento antedicho en el año 1413, el entonces obispo de Salamanca, Fray Alonso de Cusanza, volvió a fijar en media fanega de trigo la cuantía de la limosna, la cual seguía obligando a la vicaría de Monleón, entre otras, bajo pena de excomunión y suspensión a los vicarios, arciprestes, etc..., correspondientes, que osaren incumplir lo mandado (A.RIESCO: Datos para la historia del Real Convento de Clarisas de Salamanca, León, 1977; pág. tt, 87 y 88).

Sin embargo, no todo eran cargas y tributos. Monleón se beneficiaba de algunos privilegios que le había dispensado el concejo de Salamanca (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fol. 285) y, en el año 1304, los moradores del castillo quedaban eximidos del pago de 60 maravedíes, que había estatuido Fernando IV, con destino al sostenimiento de la Universidad de Salamanca. El monarca fijaba tal impuesto respondiendo a la instancia que la mencionada institución salmantina le había elevado, a raíz de la suspensión de las ayudas que, provenientes del pago de la tercias, había venido otorgando a la misma el papa Clemente V (ARCHIVO CATEDRALICIO DE SALAMANCA. Caj. 16 Leg. 1, nº 28, fol 17).

En los siglos siguientes, la villa de Monleón se verá inmersa en diversos conflictos sobre la posesión y la ocupación de tierras. Unas veces, dicha villa actuará como usurpadora, otras, será al contrario. En el primer caso, se verá implicada en la invasión de terrenos concejiles mediante quemas y talas en los montes, acciones en las que intervendrán también Los Santos, Endrinal, San Domingo, Alberguería (del Campo), Linares, Escurial, Navarredonda y Tejeda (N.CABRILLANA: op. cit.; pág. 280). Habrá, además, otras ocasiones en que la villa de Monleón se entrometerá en diversos términos de otros pueblos, suscitando pleitos en los que se verán comprometidos Endrinal y el concejo de Salamanca.

Por otra parte, la fortaleza de Monleón, que pertenecía al concejo salmantino, será usurpada en el siglo XV por el regidor Rodrigo Maldonado, protagonista de un episodio que ha pasado a la historia por sus ribetes dramáticos.

Las crónicas de Hernán Pérez del Pulgar relatan el singular episodio, que, en síntesis, se desarrolló como sigue:

En el año 1477, Rodrigo Maldonado, a la sazón, alcaide de la fortaleza de Monleón, ejercía opresiones sobre el pueblo, fue presentada contra él una queja ante el corregidor García Osorio, Justicia en la ciudad de Salamanca. Una cédula real, dictada por los Reyes Católicos, asistiendo en sus derechos a los vecinos de Monleón y al concejo salmantino, no cambió las cosas, viéndose obligado el rey a intervenir entonces.

El prendimiento de Rodrigo Maldonado tuvo lugar en el convento de San Francisco, de Salamanca, Fernando el Católico ordenó su posterior traslado a Monleón, exigiendo la entrega de la fortaleza, bajo amenaza de dar muerte a su prisionero. Habiéndose resistido a ello los defensores de la misma, entre los que se encontraba Marta, mujer de Rodrigo, dispuso el monarca que se levantara un patíbulo, lo cual se hizo en un teso cercano (llamado, por tal motivo, Teso de la Horca). Aprestábase ya el verdugo a dar cumplida ejecución del  castigo, cuando Rodrigo Maldonado se dirigió a su mujer, en los términos siguientes: <<¡Ay, mujer! Gran dolor llevo por haber conocido tan tarde el falso amor que me mostrabas; sin duda, parece agora que te pesaba mi vida, pues eres causa de mi muerte. No me mata el rey, sino tú; ni menos éste que me ata las manos; más mátanme mis criados porque les fié lo mío>>. estas palabras lograron conmover el ánimo de los defensores del castillo, quienes, accediendo a los requerimientos y exigencias del monarca, se lo entregaron y luego salieron de él. Fernando el Católico lo cedió más tarde a un súbdito suyo, llamado Diego Ruiz de Montalbo, natural de Medina del Campo, pasando de nuevo el castillo a poder del Concejo salmantino (VILLAR Y MACíAS: Historia de Salamanca, vol. V. Graficesa. Salamanca, 1974; págs. 22-25 (Edición facsímil de la obra publicada en 1887).

Otro cronista de la época, Alonso de Palencia, indica que el rey Fernando el Católico iba acompañado de un tal Diego de Proaño cuando intervino en el tumulto originado en Salamanca por la resistencia que el alcaide de Monleón y los suyos opusieron a la guardia del corregidor. Rodrigo Maldonado, una vez en poder del rey, probó una añagaza, tratando de guiar a éste hacia Alba de Tormes, en la esperanza de hallar socorro en la persona de don garcía, Duque de Alba, con quien Rodrigo mantenía buenas relaciones de amistad. Pero el rey Fernando advirtió a tiempo la maniobra, obligando a su prisionero a dirigirse directamente a Monleón, donde se sucedieron los acontecimientos que ya describe Hernán Pérez del Pulgar. Alonso de Palencia añade que, en el interior de la fortaleza, que Rodrigo Maldonado había convertido en plaza fuerte inexpugnable, fueron hallados diversos instrumentos utilizados en la fabricación de moneda falsa. El mismo autor nos informa sobre el castigo impuesto por parte del rey Fernando el Católico al ex-alcaide de la fortaleza y los suyos: dos años de destierro en Fuenterrabía, sirviendo en una guarnición de defensa y a expensas propias (A.DE PALENCIA: Crónica de Enrique IV. Tipografía de <<Revista de Archivos>>; Madrid, 1908; págs. 395-399).

Al año siguiente, y dentro de lo contemplado en los acuerdos de capitulación del citado castillo de Monleón, los reyes extienden una carta de perdón, fechada en Écija el día 17 de octubre de 1478 y otorgada a Juan Vázquez y a su tío Alonso Maldonado, hermano del antedicho Rodrigo Maldonado (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Registro General del Sello. 30 de marzo de 1840, fol. 29 (Carta perdón, inserta en este documento). Dos años después, Diego Ruiz de Montalvo, alcaide del castillo,  recibió un mandamiento de los Reyes Católicos, por el que se le instaba a entregarlo al capitán Diego de Cáceres o bien a Fernando de Bustamante.

Carta de perdón que dirigen los Reyes Católicos a Alonso Maldonado y su sobrino Juan Vázquez según lo contenido en la capitulación del castillo de Monleón por Rodrigo Maldonado. Año de 1478.[Archivo General de Simancas. Registro General del Sello. 30 de Narzo de 1480 (Carta de perdón, inserta en este documente)]

No debía, quizá, ser ajeno a tal mandato el comportamiento prepotente del citado alcaide, a quien se había acusado de entrometerse en los asuntos de la competencia de la ciudad de Salamanca, la cual había interpuesto un recurso contra él, por obstaculizar el cobro de las tercias (La tercias era un tributo consistente en el pago de las dos novenas partes de todas las rentas y productos de los diezmos eclesiásticos, e iba destinado a la financiación de las guerras que los reyes de Castilla sostenían contra los musulmanes. Dicha clase de tributo arrancaba de una concesión hecha por el papa Honorio III al rey Fernando III el Santo y pervivió hasta la época de los Reyes Católicos. Por merced de los reyes, también, excepcionalmente, la Universidad de Salamanca recibía tercias para su sostenimiento) en Los Santos y otros lugares de la vicaría de Monleón, Dichos tributos iban destinados a sufragar diversos gastos de mantenimiento de la Universidad de Salamanca (F.MARCOS: Extractos de los libros de claustros de la Universidad de Salamanca. Siglo XV (1464-1481). Salamanca, 1964; pág. 17).

Provisión de los Reyes Católicos concediendo jurisdicción propia a la villa de Monleón, contando trescientos vasallos, en los que se incluía a los vecinos de la villa y a los de los arrabales de la misma (Archivo General de Simancas. Registro General del Sello. 20 de marzo de 1480)

Diversas vicisitudes mantenían en zozobra, a finales del siglo XV, a la villa de Monleón. Ya avanzado el año 1477, el procurador de aquélla eleva una queja a los Reyes Católicos por motivo de los atropellos y licencias que se habían tomado ciertos caballeros, quienes se entrometían en las tierras de la villa, así como también en las Sierras Mayor y Menor. Una provisión de los Reyes, en tal sentido, no soluciona el problema, y éstos han de ordenar, en el año 1480, que se abra una investigación sobre el particular. En marzo de ese mismo año, dictan los Reyes Católicos otra provisión, apartando a Monleón de la jurisdicción de Salamanca y adjudicándosela propia: <<...Apartamos y exigimos y habemos por apartado y eximido el lugar de Monleón con su fortaleza y los lugares a él más cercanos fasta cumpliendo trescientos vasallos contando en ellos los vecinos y moradores de la dicha villa de Monleón e de sus arrabales... Damos poder cumplido a Gonzalo Fernández de Valla, nuestro contador... Los cuales dichos lugares son en término y jurisdicción de la ciudad de Salamanca>>. El documento continúa diciendo que, en adelante, la villa de Monleón gozaría de las franquicias y privilegios de que gozaban otras villas del reino, otorgándole poder para impartir justicia en lo civil y en lo criminal con su horca y picota correspondientes (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Registro General del Sello, 20 de marzo de 1480, leg. 307, s.f.).

Años más tarde, en 1488, el concejo de Salamanca se arroga ciertos usos sobre el pasto y la madera en término de Monleón. Y la villa interpone entonces el correspondiente recurso (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Castilla-Pueblos. Leg. 16, sin foliar, 30 de mayo de 1488).

Tal clase de conflictos proseguirá por mucho tiempo, y, todavía en el año 1516, continuará la villa de Monleón reivindicando el respeto a sus derechos de propiedad; aunque también se da el caso contrario, siendo ella la que usará indebidamente de terrenos comunales pertenecientes al concejo salmantino.

El alto grado de conflictividad que generaba la tenencia del castillo de Monleón dará lugar a que, en las Cortes celebradas en Toro en el año 1505, aquél sea mandado demoler, junto con otros castillos más, entre ellos, los de Ribas, El Carpio y Matilla (M.VILLAR Y MACÍAS: Historia de Salamanca. Graficesa (facsímil de la edición de 1887). Salamanca, 1974; pág.8). Sin embargo, en el caso de Monleón, tal disposición no se llevaría a efecto.

Dos años más tarde, fallecía Rodrigo Maldonado de Monleón, quien, hasta el final de su vida, estuvo comprometido en diversos episodios violentos; algunos de ellos involucraban al conjunto de su propia familia, que estuvo enfrentada a la de los Tejeda durante los llamados bandos nobiliarios. Estos conflictos cubrieron un dilatado período de la historia de Salamanca en la segunda mitad del siglo XV (Sobre los bandos nobiliarios en la Salamanca del siglo XV, puede consultarse la obra de C.I. LÓPEZ BENITO: Bandos nobiliarios en Salamanca. Centro de Estudios Salmantinos. Salamanca, 1983; págs. 42, 153, 156, 158).

Una estatua yacente, representando al citado ex-alcaide, ocupa un lucillo de la iglesia de San Benito de Salamanca (parroquia que diera nombre a uno de los bandos susodichos, enemigo de la de Santo Tomé, en el que militaban los Tejada). El epitafio de la misma reza así: (Aquí) IAZE EL MVI NOBLE CAVALLERO Y EN SV T(IM)PO MVI ESFORÇADO RODRIGO MALDO(N)ADO D MONLEO(N), EL C(UA)L FALLECIO AN. 1507.

Monleón. Puerta del Sol. Obsérvese los dos tipos de parametros, correspondientes a distintas épocas.

En el año 1518, los reyes doña Juana y don Carlos (su hijo) expiden una cédula fechada en Valladolid, por la que conceden a Juan Gutiérrez de Montalvo la tenencia de la fortaleza de Monleón y mandan a Álvaro de Lugo, maestresala de la reina, que tome y responda del pleito homenaje de fidelidad y seguridad que se requiere de Juan Gutiérrez de Montalvo, según costumbre en casos semejantes (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: registro General del Sello, 22 de febrero de 1518). En el mes de agosto de ese mismo año, los reyes ceden la mencionada fortaleza a Rodrigo de la Hoz, caballero de la Orden de Santiago, tras el fallecimiento de Gutiérrez de Montalvo.

La relación de favorecimientos que acompañaban la tenencia de la fortaleza de la fortaleza de Monleón es minuciosa: <<...Se guardarán todas las honras, gracias, mercedes, franquicias, libertades, exenciones, preeminencias, prerrogativas e inmunidades y todas las otras cosas...>> (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Registro General del Sello, 2 de agosto de 1518).

Rodrigo de la Hoz fallece en el año 1539 y, entonces, Catalina de la Mota, su hermana y heredera, entrega el día 28 de diciembre de ese rey. Unos días antes, se había presentado ente las puertas de castillo Diego de Saldaña, con una orden real para que le fuera entregada la fortaleza con todo su equipamiento de artillería y otros pertrechos (orden que fue cumplida en los términos debidos) y se requería a Pedro de la Hoz, vecino y regidor de Segovia y a otros cualesquiera herederos de Rodrigo de la Hoz, para que atendiesen dicho mandato de su majestad: <<...Dedes y entreguedes la dicha fortaleza e armas e pertrechos e otras cosas que en ella aya a Diego de Saldaña, vecino de Salamanca, e lo apoderéis de lo alto y baxo de la dicha fortaleza para que la tenga fasta que Nos proveamos lo que se de hacer della...>>. Parece ser, por lo que dice el documento del que he entresacado el párrafo anterior, que Pedro de Hermosa, alcaide del castillo, se resistió en un principio a abrir la puerta al citado Diego de Saldaña, quien le notificó el contenido de la real cédula, logrando entonces que aquél le franquease la entrada: <<... E luego, el dicho Pedro de Hermosa abrió la puerta de la dicha fortaleza e tomó la dicha cédula de su majestad en su ano e la besó e puso sobre su cabeza...>>. Prosigue el citado documento refiriendo que, en acatamiento de lo dispuesto por el rey, procedió, el tal Pedro de Hermosa, a hacer entrega a Diego Saldaña de los pertrechos que en el castillo había, a a saber: dos falconetes de hierro, una encabalgado y otro por encabalgar y dieciséis pelotas de piedra que estaban en lo alto del castillo y siete ballestas de garrocha con us garrochas, que había en una cuadra o aposento del entresuelo en medio de la torre, y tres cureñas de ballestas y treinta y una saetas con sus casquillos y unos grillos y unas esposas y dos arropeas y cuatro broqueles viejos y un hierro de lanza (moharra) y una talega con un poco de pólvora y seis pelotas grandes de piedra y un tiro de hierro desencabalgado y una tahona con su rueda de piedra de moler y un torno para armar las ballestas. En otra pieza de uno de los pisos inferiores de dicho torre había un cañón de metal encabalgado y dos nasas de paja y una espada muy mala y desguarnecida y un candado (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: REGISTRO GENERAL DEL SELLO, 28 de diciembre de 1540 (el documento inserta una carta fechada el 17 de diciembre de 1539).

La tenencia de la fortaleza de Monleón devengaba unos ciertos ingresos para el alcaide de la misma, a través del cobro de las alcabalas (antiguo impuesto que gravaba los contratos de compraventa o permuta) de una serie de villas y lugares de la tierra de Salamanca. En el año 1539, la cantidad percibida era de 100.000 maravedíes, repartida de la siguiente manera: 10.000 de las alcabalas de Monleón; 20.000 de las de Los Santos; 10.000 de las de Endrinal; 20.000 de las de Valero; 15.000 de las de Linares; 10.000 de las de Escurial y 15.000 de las de San Esteban. En dicho año, murió Rodrigo de la Hoz, regidor de Segovia, quien había estado percibiendo la cantidad total de maravedíes antes consignada por la tenencia de la fortaleza de Monleón. Así se lo hacen saber los reyes don Carlos I y doña Juana en el año 1540, por medio de una cédula,  a Pedro Corneja de Pedrosa, notificándole la petición que les habían hecho los herederos del susodicho regidor para que les libraran una cierta cantidad de dinero procedente de las alcabalas en cuestión (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Registro General del Sello, 9 de marzo de 1540). Petición que ya constaba en el documento al que más arriba me he referido.

Documento en el que se contiene lo referente a la compra de la fortaleza de Monleón por el regente Juan de Figueroa (año de 1559). Archivo General de Simancas. Contaduría del Sueldo. Leg. 380

Reinando Felipe II, es puesta a la venta la villa de Monleón <<con todos sus términos, pastos, boyeros, ejidos y abrevaderos... y con toda la jurisdicción y señorío>>. La adquirió entonces el regente Juan de Figueroa, tomando posesión de ella, en su nombre García de Mazariegos, en el año 1558, quien recibió las llaves de la fortaleza del entonces teniente alcalde Francisco Abarca. Este entregó, por orden del rey, la posesión de la misma, <<con todos sus pertrechos y artillería y municiones..., para siempre jamás, so pena de 50.000 maravedíes>>, como así consta en documento correspondiente, donde, además se dice cómo tomó posesión, simbólicamente, el tal García Mazariegos, en calidad de procurador de Juan de Figueroa: <<... Recibió las llaves, entró en la fortaleza, cerro y subió a una almena y después bajó y tornó a abrir y pidió al escribano tomara testimonio de ello en nombre de Juan de Figueroa>> (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Contaduría del Sueldo. Leg. 380, sin foliae (30-2-1558/13-2-1559).

Sepulcro de Rodrigo Maldonado de Monleón (siglo XVI) en la iglesia de San Benito de Salamanca

El castillo de Monleón todavía estaba habitable a mediados del siglo XVIII, siendo propietario de la villa, por aquel entonces, Juan Agustín Álvarez Maldonado de Figueroa y Díez (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg. 503, fol. 311v. Archivo General de Simancas). Durante la Guerra de la Independencia, fue ocupado el castillo por los franceses, quienes dañaron seriamente su fábrica, y no cesaría de acentuarse su deterioro hasta que, hace unos años, se hizo cargo de él y de su restauración don Salvador Llopis, quien le ha devuelto, en parte la prestancia que antaño tuviera.

 

La importancia que poseía Monleón en el plano militar, se correspondía con la que poseía en la orden eclesiástico, ya que fue vicaría y, más tarde, cabeza de arciprestazgo, en los años 1411, 1570 y 1575. En 1848, quedó vacante la vicaría (P.MADOZ: Diccionario..., op. cit.; tom. XI; pág. 505).

Una interesante fuente de información nos la proporciona el Catastro de Ensenada, en el que se dice que, en el año 1752, pertenecía la villa de Monleón al ya citado Juan Agustín Álvarez Maldonado de Figueroa y Díez, vecino de Salamanca, quien percibía de renta, anualmente, la cantidad de 797 reales de vellón. Además, le correspondían cinco cuartillas de todo el lino (ya espadado) que se cultivara en terrenos de dicha villa. Como nota curiosa, diré que, además de todo ello, se le entregaban al año seis pares de perdices (CATASTRO DE ENSENADA: respuestas Generales. leg. 503, fol.301).

La población de Monleón era de cuarenta vecinos en el año 1629. Ello indica que había mermado con relación a un siglo antes, pues, en el censo efectuado en año 1534, reinando Carlos V, figura la villa de Monleón y sus arrabales con un total de ciento dos vecinos (T.GONZÁLEZ: Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla. Madrid, 1829. Los arrabales de Monleón corresponderían al lugar hoy denominado Las Casillas o Casas de Monleón ). La población de la villa descendió notablemente en el siglo XVIII. En el año 1752, ésta contaba tan sólo con treinta y cinco vecinos, nueve viudas y tres mozos solteros (CATASTRO DE ENSENADA: Respuestas Generales. Leg. 503, fol. 511), número que ascendió a setenta y uno en 1827(S. DE MIÑANO: Diccionario Geografico... Op. cit.; pág.88) y que e mantuvo hasta el a´ño 1847. En el año 1981, la población de Monleón sumaba 194 habitantes (INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA. Censo de la población de España 1981. Madrid, 1984).

EL RECUERDO DE LA PRESENCIA JUDÍA Y MORISCA

Dentro del recinto amurallado, hubo una judería. Poco es lo que se sabe de ella, salvo que, en los años 1472 y 1474, debió pagar cierta cantidad de dinero al rey Enrique IV, en concepto de tributo.

La cantidad tributaria que correspondía pagar a las distintas juderías existentes en España, viene consignada en la relación hecha por el Juez Mayor de los judíos, quien se encargaba de anotarlo oportunamente: <<El repartimiento que yo Rabi Jaco Aben Núñez... fago de 450.000 maravedíes que las dichas aljamas (de los judíos) han de dar a su alteza del dicho servicio e medio servicio este año de 1474 años>>. En la susodicha relación, figuran las juderías de Salamanca y Monleón sin los judíos de Fuentesaúco, con 4.800 maravedíes (ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS: Diversos de Castilla. Leg. 8, fol. 125). Otro repartimiento llevado a cabo dos años antes, incluía a los judíos moradores en Monleón y en La Orbada, además de los de Salamanca, los cuales debían pagar 2.500 maravedíes (Ibidem).

Por aquel entonces, también había juderías en otros lugares más o menos próximos a Monleón, por ejemplo, en Salvatierra, en Linares de Riofrío, en Tejeda y en Miranda del castañar (C. CARRETE: Fontes iudeorum regni castellae, I. Provincia de Salamanca. Salamanca, 1981; págs. 146-147).

La pervivencia de ciertas actividades desarrolladas por los judíos, en la zona entresierras, puede rastrearse a través de los oficios de curtidores y tejedores en el propio Monleón y en los pueblos vecinos -Endrinal, San domingo, Los Santos...-, sin que ello quiera decir que el elemento judaico los ejerciese en exclusiva (Antaño, adquirieron renombre en toda la comarca los curtidores de Monleón, los cuales concurrían a la feria que se celebraba anualmente el día 6 de mayo a la afueras de la villa, después que aquélla dejara de emplazarse en Las Yegüerizas).

Seguramente, la mayoría de los judíos de la aljama de Monleón emigraran a Portugal, junto con los de otras aljamas, tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en el año 1492. según Andrés Bernáldez, cura de Los Palacios, alrededor de 35.000 judíos, que habitaban en el centro-oeste de España, abandonaron este país a través de Ciudad Rodrigo camino de Portugal (M. VILLAR Y MACÍAS: Historia de Salamanca. Op. cit., lib. V; pág. 36).

Por lo demás, la posterior presencia judía, en esta región, parece obedecer a la arribada de elementos del levante español, al menos en lo que se refiere a ciertos casos; así, en la antigua Endura (Hondura de Huebra), pueblo enclavado a unos siete kilómetros al noroeste de Monleón, vivía en el siglo XVIII un judío, quien se convertiría más tarde al Cristianismo, adoptando el nombre de Generoso (B. GARCÍA:<<Explotación agraria y formas de vida en los proindivisos salmantinos>> revista de Estudios, nº1 Diputación de Salamanca, 1982; Pág.83 y n.10).

No hay una unanimidad en cuanto a la ubicación de la judería en Monleón; para unos, como el profesor Salvador llopis, se localizaría en el espacio comprendido entre la puerta del Sol y la de la Villa y, más exactamente, entre la iglesia, la casa consistorial y la muralla; para otros, entre los que se encuentra el profesor Marciano Sánchez, estaría, quizás, entre la puerta de la Villa y el torreón del castillo. Los argumentos que validarían esta última hipótesis, vienen dados por la particularidad de que los judíos ejercían ciertos oficios que requerían la existencia de corrientes de agua, por lo que las aljamas correspondientes solían ubicarse en la proximidad de los ríos. Si se estima esta observación, entonces cabría situar la judería de Monleón sobre el escarpe de los ríos Navamandiles y Riofrío, a la parte occidental del recinto amurallado. No obstante, los indicios existentes abonan más bien la primera estimación más arriba apuntada.

En cuanto a la presencia de los moriscos en Monleón, se sabe que, en los años de 1581 y 1589, había diecisiete de ellos morando en la villa (H.LAPEYRE: Geografía de la España morisca. diputación de Valencia, 1986; Pág. 165).

LOS SANTUARIOS

Hubo varios santuarios en el ámbito de Monleón: la ermita del Humilladero, en el camino de Endrinal, y la ermita de San Pedro, que sirvió, posteriormente, como iglesia parroquial. La primera de ellas se hallaba asistida por la cofradía de la Vera Cruz, la cual poseía en 1855 un huerto y varias tierras (ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SALAMANCA: Registro General de fincas rústicas pertenecientes al clero secular, cofradías, ermitas y santuarios en la provincia de Salamanca. Secc. Hacienda Vieja V. 62; fol. 17). Ambas ermitas se hallaban en buen estado de conservación todavía en el primer tercio del siglo XVII. Hoy, han desaparecido por completo.

Casi a tres kilómetros al sur de la villa, sobre el margen derecha del río Alagón, se levanta la ermitas de Nuestra Señora de las Yegüerizas (En el Libro de la Montería de Alfonso XI, escrito hacia mediados del siglo XIV, aparece escrito el nombre de Iguariza. Por el contrario, en algunos documentos del siglo XVIII, como el que se conserva en el Ayuntamiento de Monleón, se escribe, indistintamente, Yeguariza y Yegüeriza, nombres derivados del primero (Iguariza >>>> Ieguariza o Iegüeriza), santuario que gozaba de gran veneración entre los pueblos circunvecinos. Según la tradición, un pastor descubrió, en medio de un bosque de castaños existente en la Yegüerizas, una imagen representando a la Virgen y el Niño. Advertidos los vecinos de Monleón de tal suceso, determinaron levantar allí mismo un santuario.; sin embargo, hubieron de oponerse a ellos los vecinos de Tornadizo, quienes intentarían llevarse a su pueblo la imagen en cuestión, para lo cual la cargaron en un carro, al que engancharon una pareja de bueyes. Estos, sin embargo, fueron incapaces de arrastrarlo, lo que se interpretó como un signo de que la imagen de la Virgen deseaba permanecer en las Yegüerizas, construyéndose allí una ermita, en la que, desde entonces, aquélla recibió culto bajo el nombre de Nuestra Señora de las Yegüerizas (En la actualidad, el pago de la Yegüerizas pertenece al término municipal de El Tornadizo). Se edificó, además, una casa para el ermitaño, instituyéndose, después, la figura del Mayordomo, cargo que anualmente correspondía a un vecino de la villa de Monleón, a quien estaba encomendado el mantenimiento de los servicios litúrgicos pertinentes. Diré, como curiosidad, que, en el año 1558, un tal Patricio Martín, vecino de Los Santos, se hallaba de ermitaño en las Yegüerizas.

A lo largo de los siglos, en el santuario mariano de la Yegüerizas congregó en romería a los habitantes de los pueblos circunvecinos, en medio de los montes de la Sevillana, sobre la margen derecha del río Alagón. Los devotos sufragaban con sus limosnas los gastos de mantenimiento del santuario. En la actualidad, de lo que fuera edificio del siglo XV, quedan sólo las ruinas, y, en cuanto a la imagen que antaño era allí venerada, se encuentra hoy en paradero desconocido, tras haber sido vendida a un anticuario hacia el año 1972.

En los alrededores de la ermita de las Yegüerizas se celebra el día seis de mayo una gran feria, a la que acudían gentes de muchos lugares a la redonda: cencerreros, baqueteros, plateros, caldereros, turroneros (de La Alberca), pañeros (de Villavieja de Yeltes)... En cuanto a los curtidores, ninguna se podía comparar con los del mismo Monleón, que han gozado de fama de ello hasta nuestros días.

Dicha feria pasaría a celebrarse años más tarde a las afueras de la villa, debido a los frecuentes robos que se producían en los montes que rodeaban la ermita de las Yegüerizas. A principios del siglo XIX, ya se había efectuado al referido cambio de lugar (S.DE MIÑANO: Diccionario Geográfico-Estadístico... Op. cit.; Madrid, 1927, tomo VI; pág. 89). Mucho antes, sin embargo, habían perdido ya auge las capeas que solían tener lugar junto a la ermita en cuestión y que formaban parte del ritual que vinculaba el culto a la Dea Mater con el culto al toro, como ya señalaré en otro momento. El decaimiento de tales capeas en las Yegüerizas habíase ido produciendo desde que, a finales de la Edad Media, aconteciera allí un luctuoso suceso en el que murió un mozo de Monleón y que ha sido perpetuado en el romancero.

Los mozos de Monleón
se fueron a arar temprano
para ir a la corrida
y remudar con despacio
Al hijo de la viuda,
el remudo no le han dado
- Al toro tengo que ir,
manque lo pida prestado.
- Permita Dios, si te vas,
te trajeren en un carro,
las albarcas y el sombrero
de los inhiestos colgando.
Se cogen los garrochones,
marchan las navas abajo
preguntando por el toro
y el toro ya está encerrado.
En el medio del camino,
al vaquero preguntaron:
- ¿Cuántos años tiene el toro?
- El toro tiene ocho años,
Muchachos, no entréis a él;
mirad que el toro es muy malo,
que la leche que mamó
se la di yo por mi mano.
Se presentan en la plaza
cuatro mozos muy gallardos.
Manuel Sánchez citó al toro,
nunca lo hubiera llamado:
el toro se fue hacia él
que está debajo de un carro;
por la punta de una albarca,
a la plaza lo ha sacado,
cuando el toro lo dejó,
ya lo ha dejado muy malo.
- Amigos, me estoy muriendo,
amigos, yo estoy muy malo,
tres pañuelos llevo dentro,
y éste que meto son cuatro.
¡Que llamen al confesor
para que venga a auxiliarme?
No se pudo confesar
porque estaba ya muy grave.
Al rico de Monleón, 
le piden los bueis y el carro
pa llevar a Manuel Sánchez,
que el torito lo ha matado.
A la puerta de la viuda
arrecularon el carro.
- Ahí tenéis a vuestro hijo
tal como habéis demandado

(He transcrito el romance de acuerdo a las versiones que he recogido de labios de personas del lugar. En cuanto a la versión de Federico García Lorca, he de decir que adolece de pequeñas inexactitudes, lo cual pudiera ser achacado a influencias de una versificación erudita que no corresponde fielmente al ritmo y al sentido del romance en cuestión (compárese la versión que yo he copiado con la que aparece publicada, en el tomo I de las Obras Completas de Federico García Lorca, por la editorial Aguilar (19ª ed.; págs. 796 y 797).

Los Tiempos modernos han visto periclitar la feria de Monleón, que antaño diera celebridad y abolengo mercantil a la villa, interrumpiéndose así una tradición medieval.

El lugar de las Yegüerizas posee un encanto innegable, a pesar de las talas de que han venido siendo objeto los bosques de castaños y robles que antaño rodeaban el santuario. Hoy, apenas quedaban vestigios del castañar de la Sapa, en medio del cual se levantaba la ermita, y que persistía aún en pleno siglo XVI, como así consta en algunos documentos. Por cierto que, en torno a la posesión de dicho castañar, se entablaron pleitos, pues, aunque formaba parte de la jurisdicción de Salamanca, lo ocupaba de hecho la villa de Monleón. En relación con ello, fue extendida una ejecutoria en el año 1516 por la que se reconocían los derechos que sobre el mencionado castañar tenía el concejo salmantino (ARCHIVO MUNICIPAL DE SALAMANCA: Inventario Tumbo, fols. 297 y 298).

Algo más he de decir sobre el paraje en donde se hallaba ubicada la ermita, y es que, con anterioridad al hallazgo milagroso de que habla la tradición, existía allí un santuario rupestre, descubierto en el mes de diciembre de 1986 por Juan Luis Alejandro y don Ramón Grande del Brío. Trátase de un recinto circular formado por bloques de piedra megalíticos, algunos de los cuales yacen por tierra, otros, en cambio, se mantienen enhiestos, y todos, rodeando dos rocas de granito sobre cuya superficie ha sido tallada una figura en forma de triángulo isósceles cuyos lados mayores miden 1,20 metros y cuyo lado menor es de 0,60 metros. En las proximidades, hay una otra roca de granito, en cuya parte superior se observa un grabado de forma cuadrangular y uno de cuyos lados, orientado al este, ha sido cuidadosamente tallado en forma de escuadra, semejando una portado. Alrededor de ambos conjuntos, hay indicios de poblamiento prehistórico, posiblemente, de la Edad del Hierro, según indican los diversos objetos que hemos hallado.

Sin duda, las Yegüerizas constituía un lugar mágico desde la más remota antigüedad. Nada tiene de extraño que la tradición sitúe allí el prodigio de la inmovilidad de la carrera de bueyes y que, antiguamente, acudieran a aquel lugar, en romería, gentes de todos los pueblos circunvecinos. Con ello se continuaba una tradición cultural que se pierde en la prehistoria, como la prueba la presencia del ya mencionado círculo de piedras -cromlech- rodeando un monumento rupestre, en torno del cual se llevarían a cabo reuniones o asambleas comunales.

Por otra parte, el nombre de las Yegüerizas suscita curiosidad: resulta fácil, en primer momento, pensar que aluda a un lugar en el que, tiempo atrás, pastasem yeguas; pero tal hipótesis no se halla en consonancia con el carácter mistérico del enclave en cuestión. En efecto, se da en éste una conjunción tal de elementos sacralizantes, que obliga a buscar una explicación más coherente y significativa al nombre del mismo. Pues bien: Yegüerizas, podría venir, según el profesor Marciano Sánchez, de aequerizas, que quiere decir, lugar donde se reúnen los iguales (de aequum, vocablo latino que significa igual). Aequerizas, pasaría a Yegüerizas o Yeguarizas /pues bajo ambas formas aparece escrito, indistintamente, en documentos del siglo XVIII) (M.SÁNCHEZ: <<Las Yegüerizas, ¿un enclave hierótico en Monleón (Salamanca)?>>. Revista de Folklore. Valladolid, 1987 (en prensa).

Para reforzar más aún si cabe la idea de que las Yegüerizas debió erigirse en enclave mágico desde tiempos remotos, debemos considerar que allí se celebraba un feria el día seis de mayo (trasladada, más tarde, a las afueras de Monleón), fecha que correspondía, precisamente, a la celebración de las maionas (fiesta de mayo) en el mundo romano. Los ritos ancestrales se perpetuaban, así, en el mundo a través de las romerías marianas, todo ello bajo la pervivencia de antiquísimos cultos matriolátricos, presididos por la figura de la Gran Madre, que la misma toponimia refleja. Así, al suroeste de Monleón, no lejos de las Yegüerizas, el topónimo Santana (Santa Ana) apunta a la existencia de otro enclave sagrado, del que se carece de toda referencia histórica.

Finalmente, vuelvo a recordar que la patrona de la villa de Monleón es Santa Isabel. No he de volver de nuevo sobre la significación esotérica de la Gran Madre -Isis-, pero sí recordaré al lector que existe una estrecha relación entre el culto que se rinde a Santa Isabel, en Monleón, y el que ésta recibía tanto en el Mesegal como en Los Santos. He ahí un conjunto de elementos y de aspectos religiosos de cuyo simbolismo precristiano no cabe dudar.

Pincha sobre la imagen para verla a tamaño mayor (Fotos propiedad de Jesús Santos Serna)

Realización y Actualización: Ángel Manzano Mesón
Última actualización 30 de Marzo del 2001
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